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En una mañana del mes de septiembre de 1892 empezó el primer curso del Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas. Los alumnos no llegaban a la docena y se hallaban distribuidos en dos clases -1ª y 2ª-, según su edad y nivel de conocimientos. Los atendían cuatro Hermanos profesores, uno francés y otro español en cada grupo.
Con la oración matinal, seguida de breve reflexión o exhortación, comenzó la primera jornada escolar. Podemos decir que también comenzaba la verdadera historia de los CIEN años de Maravillas.
Al recordarla ahora sumariamente, sólo se apuntarán algunos de los hechos más llamativos y aparecerán algunos nombres de sus realizadores o impulsores; pero tenemos muy presente que esta historia se construye sobre todo por lo que no mencionaremos, porque es lo de todos los días: el trabajo callado y monótono en el ámbito reducido de las aulas; el bullir ruidoso de los patios de recreo; los ratos de recogimiento piadoso en la capilla; la lucha tensa y silenciosa por la conquista del saber y de la virtud, en la que pequeños y adultos, discípulos y maestros, pueden llegar al heroísmo, pero heroísmo anónimo y silenciado.
El distinto emplazamiento del edificio colegial divide la historia de Maravillas en tres épocas de desigual duración:
Primera, treinta y nueve años en el inmueble de la calle de Bravo Murillo, en Cuatro Caminos; segunda, diez en el Paseo de la Castellana; y tercera, desde el año 1946 hasta la actualidad en la Colonia del Viso, su ubicación actual. Los cinco únicos años que faltarían en todo este período corresponden a los paréntesis impuestos por la persecución religiosa durante la Segunda República y por la guerra: 1931-1933 y 1936-1939, respectivamente.
El Colegio heredó el solar, el edificio y el nombre del Noviciado que fundaron los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el barrio de Cuatro Caminos en agosto de 1889, a los once años de su llegada a España, procedentes de Francia. El título Las Maravillas, propio de una antigua fábrica de papeles pintados situada dentro de la finca adquirida para construir el Noviciado, se transformó, para designar a éste, en Nuestra Señora de las Maravillas, advocación mariana de profundo arraigo en la devoción popular madrileña.
A los inconvenientes que ofrecía la muy poblada y ruidosa barriada de Cuatro Caminos para residencia de una casa de formación de jóvenes religiosos, se sumó el deseo de los Superiores de fundar en la capital un colegio de Segunda Enseñanza. En consecuencia, en 1892, a los tres años de inaugurado el Noviciado, se trasladó a la soledad de los montes de Budejo (Burgos), y el edificio vacío se destinó a colegio, que tomó el nombre del Noviciado y se llamó Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas.

Los primeros pasos de la Institución fueron difíciles y laboriosos. Los colegiales, predominantemente internos y mediopensionistas, no pasaron del centenar y medio hasta que en 1904 tomó la diercción del Centro el H. Hipólito, hombre extraordinario, que permaneció diecinueve años al frente del Colegio. En este período, Maravillas emprendió el rumbo definitivo, y el alumnado creció hasta sobrepasar el medio millar, límite de lo que permitía el espacio disponible.
Fue la epoca de las grandes creaciones pedagógicas, fruto de la aplicación de sistemas educativos modernos y de métodos innovadores en la enseñanza. Mencionaremos entre las principales realizaciones del H.Hipólito y colaboradores el establecimineto de los estudios preparatorios para el ingreso en las Escuelas Especiales de Ingenieros y la fundación del Escritorio Comercial, conocido y alabado por distinguidas personalidades; entre ellas, Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII, que visitó el Colegio el 10 de junio de 1921 y presidió uno de los famosos festivales de Educación Física, que también dieron renombre a Maravillas.
En 1921 se fundó la Sociedad de Excolegiales, que en 1914 comenzó a publicar la revista "Perseverancia"...
El 11 de mayo de 1931 las llamas del incendio encencido por el laicismo beligerante de la Segunda República abrasaron en el mismo holocausto el Colegio y su Escuela aneja de San José, donde se educaba gratuitamente a medio millar de niños, hijos de familias modestas de barrio.
Aquel día ardió lo que podía arder, que no fue todo; quedaban muchas cosas incombustibles. Entre ellas la fe en la necesidad y el valor de la vocación de educador cristiano de la juventud, y la esperanza en la ayuda providencial de Dios.
El 2 de octubre de 1933 se abrió el Colegio -sólo como externado- en un amplio chalet del Paseo de la Castellana, nº 54. El primer trienio de esta época fue de inseguridad y aun de cierta clandestinidad, motivadas por la situación política. Los Hermanos se secularizaron en lo exterior. Maravillas tomó el nombre de Colegio-Academia Menéndez Pelayo; pero allí siguió viviendo el espíritu de Cuatro Caminos, hasta que el 20 de julio de 1936, por la tarde, se produjo la segunda dispersión, más dramática que la primera.
Hubo un mártir -el H. Vidal Ernesto- y lo fueron otros veintricuatro Hermanos que habían pertenecido a la Comunidad de Maravillas.
Con la llegada de la paz en 1939, el Colegio abrió nuevamente sus puertas, recuperó su verdadero nombre y reanudó su labor educativa por medio de catorce Hermanos, dirigidos por el H. Hilario Felipe. Las bajas producidas por la guerra se cubrieron con algunos profesores seglares, precursores de una serie benemérita que ha ido creciendo con el paso del tiempo hasta superar en mucho al número de los profesores religiosos, animada como éstos por la vocación de educador cristiano.
En diciembre de 1943 ya eran 560 los alumnos inscritos en el Centro, los mismos que en Cuatro Caminos en 1930. Se imponía el traslado a espacios más amplios.

En 1941 se adquirió un solar de 9.000 metros cuadrados en la Colonia del Viso. Año y medio después, el 23 de octubre de 1942, en presencia del Vicario General de los Hermanos, H. Arèse Casimire, y del Ministro de Educación Nacional, D. José Ibáñez Martín, el Sr. Patriarca Obispo de Madrid-Alcalá, D. Leopoldo Eijo y Garay, bendijo la primera piedra del edificio que iría creciendo lentamente en las alturas del Viso.
El año 1946, siendo Director el H. Felipe Urbano, en otro 11 de mayo de signo muy distinto del de 1931, comenzó el traslado a la parte ya construida del nuevo inmueble, que se inauguró el día 15, fiesta de San Juán Bautista de la Salle.
En el curso 1950-1951 se alcanzó el millar de alumnos. Era director el H. Teodosio Luis, en cuyo tiempo se fundaron la Asociación Católica de Padres de Familia y el Ropero de Caridad u Obras Sociales Femeninas (1952) y se inauguraron la Capilla (1954) y el Salón de Actos (1955).

Bajo el rectorado del H. Domingo Ruiz, en el curso 1960-1961 se llegó a los dos mil alumnos inscritos en el Colegio, cifra ideal, nunca lograda hasta hoy, pero por exceso. Los deportistas de Maravillas -Campeones Nacionales en los Juegos Escolares de 1958- y los demás colegiales tuvieron pronto un magnífico Polideportivo, construído por el arquitecto D. Alejandro de la Sota e inaugurado en 1962.
También en 1962 se realizó el viejo sueño de levantar la Escuela gratuita de San José aneja al Colegio, incendiada como éste en 1931. Se inauguró, muy ampliada, en Carabanchel Alto con el nombre de Institución La Salle.
La plenitud alcanzada en esta época se ha mantenido bajo el mandato de los seis sucesores del H. Domingo que han dirigido el Colegio en los últimos treinta años:HH. Ramón Calixto, Marcos Joaquín, Luis Alvarez, Inocencio Barbero, Esteban Hernáez y Alejandro Pérez-Ochoa.

En estas tres últimas décadas se ha operado un cambio notable en la constitución del profesorado de nuestro Centro, como en la del de todos los centros lasalianos del mundo.Se ha pasado de la "escuela de los Hermanos" a la "escuela lasaliana", animada por toda la comunidad educativa. De ésta forman parte los Hermanos, asociados con otros grupos: sacerdotes, exalumnos, padres de alumnos, y sobre todo profesores seglares, que viven junto a la misión lasaliana como misión compartida.
Así hemos sobrepasado ya el segundo Centenario de Maravillas, herederos de una tradición gloriosa pero exigente, que nos empuja a seguir entregados al servicio de la Iglesia de Dios en Madrid, en el campo privilegiado de la escuela cristiana.

Os confieso que es apasionante contemplar desde cerca este caudal vivo de afanes, de esperanzas, de ilusiones, de proyectos y realizaciones, de aciertos y de fracasos, de encantos y desencantos, de trabajos y fatigas dedicados al noble empeño de educarse o de educar a niños y jóvenes para lograr, en último término, que vivan en el tiempo y en la eternidad como lo que son y están llamados a ser en plenitud, esto es, como hijos de Dios.
Espectáculo admirable en el que habéis sido actores y seguís siéndolo muchos de vosotros, alumnos, padres de alumnos, excolegiales, profesores y Hermanos.
Recibid el tributo de admiración, gratitud y recuerdo de quien cree conocer de cerca vuestra obra.
Hno. Antonio Calvo